Durante años, el gran reto ha sido instalar más renovables. Y lo sigue siendo.
Pero desde hace unos años, el reto empieza a ser otro: conseguir que toda esa energía pueda absorberse, transportarse y aprovecharse cuando está disponible.
Cuando coinciden mucha generación renovable, baja demanda y limitaciones en la red, aparecen dos señales claras:
1️⃣ Los precios se hunden e incluso pueden llegar a ser extremadamente negativos. A primera vista puede parecer positivo, pero no lo es. Si ocurre de forma recurrente, dificulta la firma de PPAs, se ralentizan nuevas inversiones…
2️⃣ Parte de la generación renovable se pierde: Cuando la red no puede evacuar más electricidad, o cuando el sistema necesita mantener ciertos márgenes de seguridad, se ordena reducir producción. Eso es curtailment.
El problema no es que haya “demasiadas renovables”. El problema es que el sistema eléctrico todavía no está preparado para integrar toda la generación renovable que ya somos capaces de producir.
Necesitamos poder mover grandes volúmenes de energía, tanto dentro del país como hacia otros mercados, para aprovechar mejor esta electricidad.
Y para eso no hay una única solución: hacen falta más interconexiones, más red interna, más almacenamiento y más flexibilidad de la demanda.

